jueves, 30 de marzo de 2017





CONTRATOS QUE NOS IMPIDEN SER LO QUE SOMOS
Alejandro Jodorowsky




Son una especie de “códigos” que están situados en lo más profundo de nuestras mentes en forma de creencias y de todo tipo de inhibiciones que nos paralizan. Cuenta Marianne Costa que en un momento de su vida escribió en un papel de pergamino: “soy una fracasada”. Después lo firmó con una gota de su sangre y lo enterró. En ese lugarplantó una bella flor y empezó a diseñar su realidad liberada de esa maldición. (Es un acto psicomágico, donde nos liberamos de esos códigos que recibimos de nuestra familia) Un contrato es un acuerdo entre dos partes que se comprometen a dar algo y a recibir algo a cambio. Pero no todos los contratos están sobre papel, ni siquiera son verbalizados, ni tampoco todos están en el plano de la consciencia. Más aún, como en el caso del nombre, hay contratos que aceptamos en desigualdad de condiciones porque se “sellan” en la más tierna infancia: el niño intuye que el incumplimiento implica no ser querido, lo que significa la muerte. Nuestro cerebro más primitivo nos dicta la orden de obedecer cuando la amenaza es ser expulsado del clan....

Lak´es a la kim

viernes, 24 de marzo de 2017

Metagenealogia : La pareja

Cuando se juntan dos personas, se juntan dos clanes y dos inconscientes familiares que piden ser sanados. Seamos los héroes y las heroínas que necesita nuestro clan.

¿Te has enamorado alguna vez? Seguro que en algún momento de tu vida has sentido las famosas mariposas en el estómago, nacidas del amor que sientes por tu ser amado. Pues tengo una noticia para ustedes: esas mariposas no eran más que información que estaba en resonancia con la información de su pareja. Dicho de otro modo, todo es energía y por tanto todo es información. Y la Ley de la Atracción, que es una Ley Universal, dicta que las frecuencias afines se atraen y se encuentran. Así, a modo de ejemplo, si vibro en una profunda desvalorización hacia mi persona, atraeré a mi vida personas y circunstancias que reafirmen eso, haciéndome ver lo poco que valgo, lo inútil que soy, etc. Pero volviendo a nuestro tema, debemos saber que detrás de ese enamoramiento entre dos, se encuentran sus respectivos clanes, de tres o cuatro generaciones cada uno y muchas historias de abusos, dramas, abandonos y secretos que esperan ser sacados a la luz para perdonarlos. Se trata, pues, de programas que se complementan y resuenan entre sí.
Hay muchas cosas que nos irritan de nuestra pareja. Curiosamente, la ceguera inicial, comúnmente llamada “enamoramiento”, no dura mucho tiempo y pronto vienen los problemas, los chantajes emocionales, las exigencias, los sacrificios y los consiguientes resentimientos. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde se ha ido la magia? ¿En qué nos hemos equivocado?
Bien, vamos a ir paso por paso. Para comprender a nuestra pareja, primero necesitamos hurgar en nosotros mismos. Vivimos en un mundo donde para poder vernos, necesitamos ver nuestro reflejo en un espejo, ¿verdad?  Pues lo mismo ocurre con lo que no se puede ver con los ojos, con lo que está en nuestro interior. Todo lo que veo en mi prójimo, está en mí. Tanto lo que me gusta, como lo que me disgusta. Y, como dije antes, no estamos solos. Hay todo un clan familiar cuya sombra se expresa a través nuestro. Esa sombra está formada por programas, creencias y mandatos inconscientes que se han ido heredando de generación en generación. No existe la casualidad, estamos con quien estamos para tomar conciencia de todo esto. Así, lo que más me molesta o me duele de mi pareja, de lo que hace o no hace, dice o no dice, me refleja tanto a mí, como a mi árbol transgeneracional, y en definitiva, es éste último el que elige la pareja por mí.
Sí, pensamos que nos casamos porque nos enamoramos, pero es nuestro árbol es el que escoge a la pareja perfecta para que podamos conocer las historias que esconde éste y sanar los traumas que han vivido nuestros antepasados. Siempre se trata de llevar luz a la oscuridad y de hacer aquello que nuestros ancestros no pudieron o no supieron hacer, llevando e integrando los recursos que les faltaron.
Como vemos, se trata de buscar las respuestas en nuestro árbol genealógico, que es como dice Alejandro Jodorowsky, “un mapa de tesoros” que guarda las respuestas que esperan ser encontradas. ¿No puedes tener hijos y no entiendes por qué? ¿Tu pareja te maltrata, pero no puedes dejarla? ¿Te cuesta encontrar pareja? ¿Los hombres te buscan solo para tener sexo contigo? ¿Las mujeres con las que te encuentras son todas infieles? ¿Tus parejas te abandonan? ¿Tienes relaciones sexuales que no deseas, pero te sientes obligado/a a tenerlas? Son solo algunos ejemplos de experiencias que viven muchísimas personas en sus vidas.
Las historias se repiten no para castigarnos, sino para trascender ese modo de vivir que nos hace daño y que inconscientemente, perpetuamos al dejarles el mismo legado a nuestros hijos, que harán lo mismo con los suyos. 
La metagenealogia  puede ser muy útil para acompañarnos a tomar conciencia de todo esto, ofreciéndonos ese análisis transgeneracional y ayudándonos a cambiar la información heredada que nos impide que seamos nosotros mismos. Se trata de llevar comprensión a nuestras vidas y liberar el juicio y la culpa que están pudriendo nuestro árbol. Ese es el verdadero perdón, comprender la vida de nuestros padres, abuelos y bisabuelos, comprendiendo que heredaron sus propios mandatos inconscientes de sus ascendientes y que nos dieron lo mejor que pudieron, entendiendo que ahora nosotros somos libres de hacerlo de otra forma mucho más sana y coherente.
Seamos los héroes y las heroínas que necesita nuestro clan. Seamos esa luz que pondrá fin a la oscuridad. Cada vez que tomamos conciencia, facilitamos que otros también lo hagan, y poco a poco, el mundo reflejará nuestro cambio interior. Comencemos por sanar la relación con nosotros mismos y transformemos el modo de relacionarnos con los demás.

Lak´es a la kim

sábado, 18 de marzo de 2017





EL ANCESTRO DESCONOCIDO


Ahora tu travesía implica afrontar un desafío. Todo lo aprendido tiembla. Todo lo sabido parece insuficiente. Sin embargo, es como un túnel angosto en el que no es posible volver hacia atrás: o uno se queda atascado, o cobra valor para avanzar (única dirección posible).

No estás solo. En muchos sentidos, pero hoy te hablo de uno en particular: detrás tuyo, muy detrás... detrás de tus padres... aún detrás de tus abuelos... hay un ancestro desconocido que alguna vez desarrolló en sí mismo justamente esas cualidades que hoy te son necesarias para salir del túnel. Son demasiados los que te antecedieron: miles a lo largo de siglos. Uno de ellos bulle en tu sangre para que actualices sus dones.


Su bravura te sostiene. Su paciencia te resguarda. Su tesón te fortifica. Su claridad te alumbra. No es necesario que sepas su nombre: allí está. Y te tiende su mano genealógica a través del tiempo. Aprópiatela y sé parte de su estirpe. Entonces, da el próximo paso honrando su camino, honrando el tuyo.

Y un día, un lejano día, -tengas descendencia o no-, serás el ancestro desconocido de aquél a quien tiendas tu mano invisible, cuando ya no estés aquí.

Virginia Gawel
Lak´es a la kim

el poder de nuestro nombre

Metagenealogia:
El poder de  nuestro nombre:


NUESTRO NOMBRE ES EL PRIMER CONTRATO QUE CARGAMOS
Cuando bautizamos a un hijo debemos saber que junto con el nombre le pasamos una identidad. Evitemos por tanto los nombres de los antepasados, de antiguos novios o novias, de personajes históricos o novelescos. Los nombres que recibimos son como contratos inconscientes que limitan nuestra libertad y que condicionan nuestra vida. Un nombre repetido es como un contrato al que le hacemos una fotocopia, cuando en el árbol genealógico hay muchas fotocopias el nombre pierde fuerza y queda devaluado. Según Cristóbal Jodorowsky, el nombre tiene un impacto muy potente sobre la mente. Puede ser un fuerte identificador simbólico de la personalidad, un talismán o una prisión que nos impide ser y crecer.

En los árboles narcisistas cada generación repite los mismos nombres de sus ancestros y con ello se repiten los destinos. ¿Atraen ciertos barrios a personas cuyo estado emocional corresponde al significado oculto de esos nombres? Alejandro Jodorowsky dice que en Santiago de Chile vivió en La plaza Diego de Almagro, un lugar que él sintió como oscuro y triste. Resulta posible pensar que ese lugar era el reflejo de su interior en aquel momento de su vida. Diego de Almagro fue un conquistador frustrado. Por engañosos consejos de su cómplice Pizarro, partió de Cuzco hacia las tierras inexploradas del Sur creyendo encontrar templos con tesoros fabulosos. Después de muchas calamidades volvió como alma en pena a Cuzco, donde su traidor socio, no queriendo compartir las riquezas robadas a los incas, lo hizo ejecutar.

Podemos dedicar unos minutos a observar el lugar donde vivimos: en la calle de un poeta, de una santa benefactora, de un descubridor o tal vez en la de un general asesino. Nada es casual, el mundo es como un espejo que nos refleja, cada vez que realizamos una mutación interior también cambia nuestro exterior, son señales del Universo a veces.

¿Podríamos decir que los nombres tienen una especie de frecuencia que sintoniza con ciertos receptores? ¿Qué tipo de receptores?

Inconscientemente nos sentimos atraídos por cientos nombres que reflejen lo que somos (a veces son exactos y otras veces están ocultos detrás de máscaras, sólo hay similitudes léxicas o fonéticas): Nuestra parte sana y positiva es un receptor que sintoniza con ciertos nombres, porque nos hacen gozar y sentirnos seguros.
Nuestra parte enferma y negativa es otro receptor que sintoniza nombres determinados, porque hay una intención supraconsciente de resolver el conflicto. Reflexionemos de nuevo en los nombres de lo que hemos atraído a nuestro mundo:

El nombre de nuestra empresa, centro de trabajo, escuela…
El nombre de nuestra pareja, amigos, jefes, profesores…
Personas que se cruzan en nuestro camino por “accidente” y se llaman exactamente igual que nuestro padre (o madre, hermano,etc.)
¿Hay una programación inscrita en nuestro nombre y apellidos?

Según nos cuenta Alejandro Jodorowsky, tanto el nombre como los apellidos encierranprogramas mentales que son como semi­llas, de ellos pueden surgir árboles frutales o plantas veneno­sas. En el árbol genealógico los nombres repetidos son vehícu­los de dramas.
Es peligroso nacer después de un hermano muerto y recibir el nombre del desaparecido. Eso nos condena a ser el otro, nunca nosotros mismos. Cuando una hija lleva el nombre de una antigua novia de su padre, se ve condenada a ser “la novia de papá” durante toda su vida. Un tío o una tía que se suicidaron convierten su nombre, durante varias generaciones, en vehículo de depresiones. A veces es necesario, para detener esas repeticiones que crean destinos adversos, cambiarse el nombre. El nuevo nombre puede ofrecernos una nueva vida. En forma intuitiva así lo comprendieron la mayoría de los poe­tas chilenos, todos ellos llegados a la fama con seudónimos.

¿Hay ejemplos que nos permitan comprender la importancia del nombre?

Nuestro nombre nos tiene atrapados, ahí está nuestra “individualidad”.

Barrick Gold (gold significa oro en ingles) se convirtió en el mayor productor de oro del mundo.
Brontis “voz de trueno” se dedica al mundo del teatro con una potente voz…
María, Inmaculada, Consuelo se asocian a la pureza, la virginidad, nombres que exigen perfección absoluta, que nos limitan.
Miguel Ángel, Rafael, Gabriel, los nombres de ángeles dan problemas con la encarnación.
César, poderoso y asociado a la ambición.
¿Cómo sé si el nombre que he recibido me perjudica?

Estudiar los nombres del árbol genealógico es igual que acceder al inconsciente. En los nombres encontramos secretos. Es importante ver cómo funciona el nombre que nos dieron. Algunas cuestiones: Lo primero es saber la persona que nos nombró. ¿Papá?, ¿mamá?, ¿abuelo?, ¿la hermana?, ¿el padrino?… El que nombra, toma poder sobre lo nombrado y no es lo mismo llamarme Micaela por mi abuela paterna, si el nombre se le ocurrió a mi padre para repetir el nudo incestuoso, o por mi madre, para ser aceptada en la familia de mi padre, dándole una hija-clon de su suegra.

¿De pequeño me gustaba mi nombre o me hubiese gustado llamarme de otra manera?

Los niños tienen una intuición especial y una fresca desinhibición que les permiten rechazar de pleno lo que les contamina. Investigar de donde viene nuestro nombre:

Si es de algún familiar, es bueno analizar su destino y los caminos que recorrió en su vida, porque probablemente venimos a repetirlos. Llamarse René después de un hermano muerto, es cargar con él toda la vida.
Si es de alguien significativo para quién nos nombró, nos caerá la carga de darle a éste lo que el otro no le dio.
Si es de algún personaje histórico, novelesco, as del fútbol o princesa de Mónaco, viviremos frustrados y fracasados si no seguimos el guión.
Si es por algo material, adquiriremos las propiedades de ese elemento. Por ejemplo, si me llamo por la muñeca de mi hermana, me convertiré en su muñeca, ella jugará conmigo, me dominará.
Si me llamo por algo inmaterial, tenderé a fines abstractos ideados por nuestros padres, desatendiendo lo real e incluso, por oposición a ellos, llegaré a materializar lo contrario a lo que llevo escrito en el nombre. Llamarse Libertad, Paz, Luz, no siempre es sinónimo de ser libre, vivir en paz y tener las cosas claras.
Los diminutivos: “Me llamo Manuel como mi abuelo, pero me dicen Manolito”, han proyectado en ti la figura de tu abuelo, pero tienes prohibido crecer y superarlo. Los nombres compuestos: “Me llamo José Luís, por mi padre y mi abuelo”. Pobre de ti si la relación entre ellos era farragosa. Me llamo “María José”, como dice Jodorowsky, “¡Catástrofe sexual!”. Los nombres feminizados o masculinizados: Mario, Josefa, Carmelo, Paula, corresponden a deseos frustrados de que naciéramos del sexo contrario.

¿Por qué no cambiarnos de nombre cuando este va cargado por un lastre que nos inmoviliza?

Nos aterra cambiarnos de nombre ya que tememos que dejaremos de ser reconocidos por nuestro clan. Tememos no ser reconocidos, ni identificados, no ser amados es el mayor temor que tenemos. Somos seres gregarios y pensamos que podemos morir si nuestro “clan” nos abandona, lo que es una herencia de nuestro cerebro arcaico.

Metafóricamente, el nombre que nos dan los padres es como un archivo del GPS que nos va indicando caminos digitalizados y guardados en la memoria familiar. Al nacer, nos instalan el archivo y vamos deambulando por el mundo por rutas más o menos pedregosas y abruptas, pero nos sentimos como en casa, porque ya fueron trazadas por el sistema operativo del árbol. Cambiarnos de nombre es arrojar el GPS por la ventanilla del coche y empezar a ver y a recorrer nuevos caminos, conquistar territorios que no habían sido archivados por nuestro árbol.
Es hacernos cargo de nuestro propio destino.

¿Cómo entonces llamar a nuestros hijos cuando nacen?

Alejandro Jodorowsky afirma que cada uno tenemos un nombre (podemos hacer aparecer a nuestro guía interior y pedirle nuestro nombre en un ejercicio de meditación o de visualización) que viene con nosotros incluso antes de ser concebidos. Es posible que durante la gestación, este nombre les llegue al mismo tiempo a ambos padres de forma telepática, si tienen suficiente capacidad de percepción. Si no es así, es el niño el que debe nombrarse más adelante. En el caso de tener que decidir como llamar al bebé, el nombre no debe haber existido en la historia de su árbol genealógico, ni haber pertenecido a personas o ideales de los que lo nombran.

¿Qué haremos con nuestro nombre?

Si nos encontramos que nuestro nombre encaja con algunos puntos de lo aquí descrito, podemos hacer que nos empiezen a llamar por el segundo nombre, por ejemplo Dolores Carolina, si te llaman de pila Dolores y ya por sí el Dolores trae una carga, podemos hacer que empiezen a llamarte Carolina o el segundo nombre, o por ejemplo Carlos Antonio donde Carlos se repite en generaciones con ancestros de destino trágico, comenzar a llamarnos Antonio, no es fácil pero de una manera comenzamos a reprogramar.

Fuente: Plano Creativo

Lak´es a la kim

viernes, 3 de marzo de 2017


El triskel y las brujas.


El trisquel, triskel, triskellion o trinacria (del bretón tri, tres y askell, alas) es una figura que ha sido utilizada por antiguas culturas de diversas latitudes para representar el movimiento, el equilibrio, la energía solar y el eterno ciclo de la vida. Por ejemplo, para los celtas, el triskel representaba las tres manifestaciones de la divinidad, así como también el lazo entre el cuerpo, la mente y el espíritu; la evolución, el eterno aprendizaje y el crecimiento; el Continuo Infinito Presente o continuidad entre las tres facetas del tiempo (pasado, presente y futuro) y las etapas de la vida (infancia, adultez y ancianidad). Incluso, aludía igualmente a tres valores preciados para los pueblos celtas (amor, sabiduría y fuerza) y sus tres clases sociales (druidas, guerreros y artesanos).

Tan especial era el triskel que sólo los druidas tenían permitido portarlo o usarlo como talismán. Los antiguos sacerdotes y magos trazaban esta rueca de tres espirales en los árboles del bosque, rocas y cristales porque la consideraban también como un portal interdimensional. Para otras culturas, representaba además un símbolo sagrado, protector y generador de paz, salud, amor y abundancia.

Muchas brujas de la actualidad ven en el triskel una manifestación de la creación, pues llevarlo consigo, o bien observarlo mientras meditan, estimula su creatividad, además de que les permite que su energía fluya interminablemente para alcanzar el bienestar, la trascendencia y la conexión con los dioses y con su entorno.

Así, el triskel nos recuerda a las brujas que nuestra propia energía siempre está moviéndose, que nuestras acciones generan cambios y que, pese a los obstáculos, hay una promesa de gracias, bendiciones y protección que trae la vida para cada uno de nosotros.

Lak´es a la kim